miércoles, 17 de agosto de 2011

Little Miss Sunshine


No creo exagerar si afirmo que dentro de la enorme producción mundial de películas, los espectadores venezolanos tenemos acceso a menos del 1%; las distribuidoras ligadas al cine norteamericano nos han impuesto una cartelera y una estética, nuestros gustos cinematográficos están absolutamente orientados por sus necesidades comerciales. No tenemos posibilidad de presenciar cine latinoamericano, europeo, asiático o africano. Más aún: no tenemos acceso al cine norteamericano independiente de las grandes productoras.

Uno de estos casos es Little Miss Sunshine (2006), película de muy bajo presupuesto ($8 millones) que logró recaudar $100 millones. Little Miss Sunshine fue el debut como directores en equipo de Johnathan Dayton y Valerie Faris y tiene un reparto excelente que cuenta, entre otros, con Greg Kinnear, Steve Carrel, Toni Colette, Paul Dano, Abigail Breslin y Alan Arkin.

Esta película se estrenó en el festival de cine de Sundance 2006, fue nominada a cuatro premios Óscar, de los cuales obtuvo dos: mejor guión original para Michael Arndt y mejor actor de reparto (Alan Arkin, como el abuelo). Ha obtenido buena cantidad de premios y nominaciones.

Little Miss Sunshine se plantea como una crítica densa y muy bien lograda de buena cantidad de mitos de la sociedad norteamericana, entre ellos el culto al éxito personal y, como exponente principalísimo de tal culto, los concursos de belleza, en este caso representados desde el universo infantil, pues la protagonista del film es una niña de menos de diez años (Olive, interpretada por Abigail Breslin), quien se propone participar en un concurso de esta naturaleza a 1300 kilómetros de su pueblo. La familia la apoya y para ello realizarán el viaje en un viejo Volkswagen Combi; la película se desarrolla sobre las peripecias del viaje: es lo que se conoce como una road movie o película de carretera.

Las relaciones familiares también son un tema de la película. Si el consabido lugar común que define la familia como base de la sociedad tiene algún asidero, entonces a partir del análisis propuesto por este film se entienden los vistosos lunares de la sociedad norteamericana.

Pero es que la película no deja títere con cabeza y el mito de la autoayuda es uno de los que reciben un golpe severo. Arnold Scharzenegger dijo “Si hay algo en este mundo que me da asco, son los perdedores. Los desprecio profundamente”. Este singular punto de vista –muy propio de la inteligencia de quien lo emite– caló hondo en el guionista Michael Arndt y la película contiene mucho sobre la visión negativa que Arndt recogió de la frase del actor y gobernador de California. La cinta demuestra, con la hermosa relación entre el abuelo disfuncional y la ansiosa nieta, que ganar y perder son partes igual de importantes en el proceso de la vida; ya lo dijo bien Rudyard Kipling: “Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar de la misma manera a esos dos impostores.”

La autoayuda –como todos sabemos– es propulsora de la industria del libro mas no de la lectura. Difícil es pensar a un lector de autoayuda en la búsqueda de Borges, Yourcenar o Cortázar; si acaso con algún libro de Hemingway que les haga pensar que pueden conseguir fórmulas de vida, como las que tienen en su poder aquellos grandes gurús, conocedores de que el camino hacia el éxito (monetario, claro) pasa por escribir un libro que señale el camino hacia el éxito.

Personalmente, a este respecto, alabo la actuación de Greg Kinnear quien, a pesar de ser un actor poco renombrado entre nosotros, ha dado cátedra actoral en algunas películas comerciales, pero sobre todo en el cine independiente, como por ejemplo su trabajo con Richard Linklater en Fast Food Nation, que comentaré por aquí en algún momento.

Otras actuaciones que destacan son la de Steve Carrel (cuando aún no era Steve Carrel) en el papel de un homosexual especialista en Proust y Paul Dano en el rol de un adolescente que promete voto de silencio hasta cumplir su sueño de hacerse piloto.

1 comentario:

  1. Excelente película Douglas, tuve la oportunidad de verla hace un tiempo, irónicamente en una sala de cine comercial. Es defeinitivamente, a mi parecer, un retrato muy limpio de las crisis psicológicas que se presentan en el correr de nuestra vida, representada en cada uno de los personajes. Por supuesto, cada espectador podrá (según su condición y su edad) sentirse identificado con alguno de los personajes, y hacer del film más que una experiencia visual pasiva, una labor dinámica e interpretativa muy parecida por cierto a la que nos propone Cotázar en su literatura, la cual se empeña en disuadir al lector para que tome parte activa en la historia. Jaja y conincido contigo en lo del comentario sobre el Gobernator!.

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