La chismografía es una actividad tan, pero tan humana que no hay manera de estar en un ambiente donde haya al menos tres personas y que dos de ellas no tengan algo que comentar de la otra. Algunos me tildarán de exagerado y no faltarán quienes quieran regar el chisme de que en realidad lo digo por experiencia propia, no obstante el asunto viene a colación por un embuste diseminado desde hace ya mucho tiempo, nada más y nada menos que en las más altas esferas de la ciencia. Se trata de la supuesta razón de la inexistencia de un premio Nobel de matemática. Resulta que a los chismosos les dio por decir que la esposa de Alfred Nobel -en pleno ejercicio matrimonial con el inventor- pasó algunos ratos agradables en la cama del matemático sueco Gösta Mittag-Lefler. A los chismosos, sin embargo, no les ha importado saber que Nobel murió soltero y ante esta evidencia han ripostado que en realidad el levante fue a la amante del inventor... ¡y que eso duele más!
La evidencia histórica parece convenir en una verdadera rivalidad entre los dos compatriotas pero su real naturaleza no está clara. Ambos -inventor y matemático- eran hombres dedicados al asunto de los negocios, actividad en la cual destacaron tanto como en el aspecto intelectual, entre otras cosas porque se proponían ser los primeros en cualquier actividad en la cual participaran. Para nadie es un secreto que poderoso caballero es Don Dinero y que, si es capaz de separar familias, no va a tener consideración con amistades. Sea como fuere, vale la pena observar que en la redacción del testamento de Nobel, los premios científicos deben concederse "al invento o descubrimiento" más importante. Esa redacción muestra que su propia condición de inventor -con la que amasó su considerable fortuna- definía un espíritu en la concesión del premio: se buscaba premiar aportaciones de orden práctico; la frase "invento o descubrimiento" habría sido difícil escribirla en relación con la matemática, ya que su primera parte -en la época de Nobel- se hubiera referido a un conjunto vacío. Un ejemplo interesante es que a Einstein no se le dio el premio por la teoría de la relatividad, sino por el efecto fotoeléctrico, cuyas consecuencias prácticas ya se conocían.
Como la chismografía es forma de mal decir (y quizás también de maldecir) vale la pena insertar en este artículo otra de las posibles motivaciones del premio Nobel. Alfred Nobel hizo su fortuna trabajando en la industria de armamentos: era un mercader de la guerra, y dentro de sus 355 inventos (bélicos, la mayoría) destaca la dinamita. Resulta que el hermano de Alfed, Ludvig, murió ocho años antes que el inventor; algún chismoso (se distinguen porque no verifican bien sus informaciones) al ver el apellido Nobel creyó que se trataba de Alfred y escribió un obituario al mismo, titulado El mercader de la muerte ha muerto. Nobel no reaccionó como el humorista Mark Twain que cuando leyó su propio obituario contestó: La noticia es cierta, pero algo prematura, sino que comenzó a preocuparse por la forma en que la posteridad lo recordaría. Eso bastó para que abandonara la carrera que lo había encumbrado a la fortuna y comenzara aquella que lo encumbró hacia la fama.
La evidencia histórica parece convenir en una verdadera rivalidad entre los dos compatriotas pero su real naturaleza no está clara. Ambos -inventor y matemático- eran hombres dedicados al asunto de los negocios, actividad en la cual destacaron tanto como en el aspecto intelectual, entre otras cosas porque se proponían ser los primeros en cualquier actividad en la cual participaran. Para nadie es un secreto que poderoso caballero es Don Dinero y que, si es capaz de separar familias, no va a tener consideración con amistades. Sea como fuere, vale la pena observar que en la redacción del testamento de Nobel, los premios científicos deben concederse "al invento o descubrimiento" más importante. Esa redacción muestra que su propia condición de inventor -con la que amasó su considerable fortuna- definía un espíritu en la concesión del premio: se buscaba premiar aportaciones de orden práctico; la frase "invento o descubrimiento" habría sido difícil escribirla en relación con la matemática, ya que su primera parte -en la época de Nobel- se hubiera referido a un conjunto vacío. Un ejemplo interesante es que a Einstein no se le dio el premio por la teoría de la relatividad, sino por el efecto fotoeléctrico, cuyas consecuencias prácticas ya se conocían.
Como la chismografía es forma de mal decir (y quizás también de maldecir) vale la pena insertar en este artículo otra de las posibles motivaciones del premio Nobel. Alfred Nobel hizo su fortuna trabajando en la industria de armamentos: era un mercader de la guerra, y dentro de sus 355 inventos (bélicos, la mayoría) destaca la dinamita. Resulta que el hermano de Alfed, Ludvig, murió ocho años antes que el inventor; algún chismoso (se distinguen porque no verifican bien sus informaciones) al ver el apellido Nobel creyó que se trataba de Alfred y escribió un obituario al mismo, titulado El mercader de la muerte ha muerto. Nobel no reaccionó como el humorista Mark Twain que cuando leyó su propio obituario contestó: La noticia es cierta, pero algo prematura, sino que comenzó a preocuparse por la forma en que la posteridad lo recordaría. Eso bastó para que abandonara la carrera que lo había encumbrado a la fortuna y comenzara aquella que lo encumbró hacia la fama.


Recientemente el hipermillonario Yuri Milner, junto con el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg han creado un sorprendente premio para los matemáticos, del que dezconozco si lleva diploma o medalla, pero viene con la nada modesta suma de tres millones de dólares. Este año -el primero del premio- fue conferido a los matemáticos Jacob Lurie, Terence Tao, Maxim Kontsevich, Richard Taylor y Simon Donaldson. Algunos detalles los pueden conseguir en este enlace.

Cuando le comenté esta anécdota a mi esposa, ella -que, por lo visto, me tiene mucha confianza- me advirtió: "Mucho cuidado si a ti se te ocurre algo como eso". Le contesté que no se preocupara, que en mi caso "eso" no iba a suceder. No sé si entendió el sentido exacto de mis palabras, pero se tranquilizó.